Canarias. Pelusa del milenio. 3º B

Caminaba bajo el ardiente sol un día más,

el Roque Nublo parecía más lejos que

nunca, al menos la brisa del mar aliviaba

mi pesar, no solo el calor que me provocaba

el sol, sino ese ardor que llevaba dentro,

pues mi amada Gara me esperaba y

yo llegaba tarde una vez más.

Ya no tenía a penas fuerzas, mis piernas eran

dos bloques de hormigón, pero ya estaba

a pocos metros de reunirme con ella

y eso me dio fuerzas.

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